DESCUBRIMIENTO CONTRA EL VIH

Fundamentos científicos

 

En 1984, a los 43 años de edad, una artritis reumatoide crónica me había sumido en la más absoluta incapacidad corporal. Con una salud tan delicada llegué a la idea de cómo curarme. Supuse que mi enfermedad se produce por un virus desconocido que tiene identidad genética con determinadas células en mis articulaciones enfermas. Como el sistema inmunitario no puede eliminar a este virus, se dedica a destruir células a las que el virus se parece produciendo autoinmunidad.

La terapia con la que me curé se basa en los procesos biológicos que se producen en las lesiones fortuitas y que conducen a la curación de las mismas. Estos procesos no se producen en las articulaciones deterioradas por la enfermedad, por lo que estas enfermedades se hacen crónicas sin que el propio organismo y/o la medicina nada pueda hacer para remediarlo. Por tal motivo los médicos tratan estas enfermedades únicamente con medios paliativos o mediante intervenciones quirúrgicas.

Para activar los procesos curativos en mis articulaciones y eliminar al citado virus desarrollamos un equipo electromédico. Este equipo dispone de un mecanismo que percute mecánicamente sobre la zona afectada por la enfermedad, activando así procesos curativos idénticos a los que se producen en una lesión. Para inactivar al virus, el equipo lleva incorporado un irradiador de microondas terapéuticas, desarrollado de tal forma que las microondas penetran en la profundidad de las articulaciones sin calentar mucho a los tejidos superficiales. Como durante este proceso la piel se calienta mucho menos que con microondas convencionales, la dosis de irradiación se puede incrementar considerablemente, lo que permite que en el interior de las articulaciones se produzcan temperaturas elevadas. Bajo los efectos de estas temperaturas el desconocido virus que produce la enfermedad se inactiva y es eliminado por el sistema inmunitario. Frente a estas elevadas temperaturas las células sanas en las articulaciones segregan proteínas de choque térmico con las que se protegen. Cuando las células sanas se protegen con las citadas proteínas, las células asesinas ya no las reconocen, por lo que se inactivan y dejan de destruirlas. Con la activación de los procesos curativos y la inactivación de los virus, en mi caso, la curación se produjo relativamente pronto.

Un estudio clínico posterior realizado en 1991 concluye que tras 16 días de tratamiento, en el 93,7% de los enfermos tratados los resultados fueron «buenos o excelentes».

Otro estudio realizado en 1995 en 326 deportistas lesionados demuestra que los deportistas tratados con mi terapia vuelven a la competición tras 14 días, mientras los deportistas tratados con terapias convencionales tardan 33 días.

La eliminación del virus causante de mi enfermedad me estimuló, en 1990, a buscar soluciones contra el VIH.

En aquella época la ciencia médica consideraba que tras la infección, el virus permanece latente, dormido, y que tras unos 7 a 10 años se despierta, infecta a determinadas células del sistema inmunitario, se replica masivamente y produce el SIDA. En cambio yo tenía claro que el virus se replica desde el primer momento de la infección. Aproximadamente cinco semanas después de la infección se detectan anticuerpos que se producen contra virus defectuosos. Estos virus defectuosos son secuela de una replicación masiva del VIH desde el inicio de la infección.

Otra característica del VIH es su gran capacidad de mutación, lo que imposibilita el desarrollo de una vacuna. Tuve claro que la única manera de eliminar la infección consiste en degenerar genéticamente a las células infectadas. Una vez degeneradas estas células producirán únicamente virus defectuosos que no pueden infectar a otras células y a las que el sistema inmunitario fácilmente elimina.

Igualmente me propuse eliminar los síntomas que produce esta infección en los enfermos. Para conseguir la degeneración de las células infectadas y la eliminación de los síntomas se aplicó el mismo equipo electromédico con el que me curé yo de la artritis reumatoide.

Anteriormente he afirmado que no es posible desarrollar una vacuna contra el VIH. Por lo tanto, la inactivación de los virus en la sangre tratada no produce efecto vacuna, ni la eliminación del VIH. En el mejor de los casos, lo único que se consigue es disminuir la carga viral.

Durante la aplicación de esta terapia el suero se desnaturaliza. El suero desnaturalizado es rechazado por las células sanas ya que pertenece al propio organismo. Las células infectadas, por haber perdido sus funciones biológicas, absorben el suero desnaturalizado y se degeneran genéticamente, produciendo únicamente virus defectuosos.

Las células infectadas tienen una vida mucho más larga que las células sanas. Cuando se muere la última célula infectada y degenerada desaparece la infección. Las pruebas analíticas de PCR-DNA para la detección del antígeno proviral en leucocitos han demostrado, dos años después del tratamiento, la inexistencia de la infección.

Estoy convencido de que sobre el principio de la desnaturalización del suero se puede fácilmente elaborar un fármaco anti VIH.


  • ENGLISH VERSION

    MEDICINE – DISCOVERY AGAINST HIV

    The Scientific foundations

     

    In 1984, at 43 years, a chronic rheumatoid arthritis had plunged me into a severe physical disability. With a delicate state of health I got the idea of how to heal me. I supposed that my disease is caused by an unknown virus which has genetic identity with certain cells in my diseased joints. As the immune system can not eliminate this virus, is dedicated to destroy cells that have genetic identity with the virus. In this way the immune system produces autoimmunity.

    The therapy I developed and with which I cured me is based on the biological processes that occur in accidental lesions and that lead to the cure of them. In the joints damaged by disease such processes do not occur and the organism and/or the medicine can not avoid that these diseases become chronic. For this reason physicians treat these diseases with only palliative means or by surgery.

    To activate the healing process in my joints and eliminate the said virus we developed a electromedical apparatus. This device has a mechanism that percusses mechanically on the area affected by the disease activating the same healing process that in accidental lesions occur. To inactivate the virus, this apparatus incorporates a therapeutic microwave irradiator developed in a way that the microwaves penetrate into the depth of the joints without the heating of the superficial tissues. During this process, the skin is heated much less than with conventional microwaves so the irradiation dose can be increased considerably, allowing to reach high temperatures inside the joints. Under the effects of these temperatures the unknown virus that causes the disease is inactivated and is eliminated by the immune system. To face these high temperatures, healthy cells in the joints are protected segregating heat shock proteins. The mentioned proteins protect healthy cells which are not recognized by the inactivated killer cells which stop the destruction of healthy cells. With the activation of the healing processes and the inactivation of viruses, in my case the healing occurred relatively soon.

    A subsequent clinical study conducted in 1991 concluded that after 16 days of treatment in 93.7% of treated patients the results were «good or excellent.»

    Conducted in 1995, another study of 328 injured athletes shows that athletes treated with this therapy return to competition after 14 days, while the athletes treated with conventional therapies take 33 days.

    In 1990, the elimination of the virus that had caused my disease spurred me to find a solution against the HIV.

    In those days the medical science believed that after infection the virus remains latent, asleep, and after 7 to 10 years wakes up, infects certain cells of the immune system and produces a massive replication that causes AIDS. Instead, I was sure that the virus replicates from the first moment of infection. Approximately five weeks after the infection, antibodies against defective viruses are detected. These defective viruses are a sequel of a massive HIV replication since the beginning of the infection.

    Another characteristic of HIV is its great capacity for mutation which makes impossible to develop a vaccine. It was clear to me that the only way to eliminate the infection is genetically degenerate infected cells. When are degenerated, these cells produce only defective viruses that have lost the ability to infect other cells. These defective viruses are easily eliminated by the immune system.

    Also I decided to eliminate the symptoms caused by this infection in patients. In order to achieve the degeneration of infected cells and the elimination of symptoms, was used the same Electro-medical equipment with which I cured myself of rheumatoid arthritis.

    Earlier I affirmed that it is not possible to develop a vaccine against HIV. Therefore, the inactivation of viruses in the treated blood, has no vaccine effect or produces the elimination of HIV, in the best of cases the viral load decrease is achieved.

    During the application of this therapy the serum is denatured. The denatured serum is refused by healthy cells because it belongs to the own organism. The infected cells, having lost their biological functions, absorb the denatured serum and genetically degenerated. Thus, the infected cells will only produce defective viruses.

    The infected cells have a much longer life than healthy cells. When the last infected and degenerated cell dies, the infection disappears. The analytical tests of PCR-DNA for detection of proviral antigen in leukocytes have shown, two years after treatment, the absence of infection.

    I am convinced that on the principle of denaturation of serum it is easily possible to develop a medicine against HIV.