El más pequeño de ocho hermanos, nació el 1 de enero de 1941 en Prijeboj (Croacia), en una aldea a orillas de los lagos de Plitvice, en el seno de una familia católica humilde. Es bautizado con el nombre de Bozidar (significa regalo de Dios en croata). Un año después de su nacimiento, en tiempos de guerra, la familia Konjevic huye a Bosnia. En 1953 Bozidar vuelve a Croacia para proseguir con su escolarización. En 1957 fueron asesinados, por motivos políticos, su padre (58) y uno de sus hermanos (19), lo que motiva a Bozidar a trabajar por la libertad de su pueblo.
En 1961, a los 20 años, consigue huir a Austria donde obtiene asilo político. Un año después se traslada a Alemania donde empieza a trabajar en la investigación científica. Prácticamente al mismo tiempo se le diagnostica artritis reumatoide, una enfermedad autoinmune, inflamatoria y degenerativa, para la que la medicina carece de soluciones curativas. Por eso Bozidar decide emplear toda su capacidad investigadora en busca de una solución para curarse.
En 1968, casado con una española con la que tiene tres hijos, se traslada a España.
En 1977, presenta un motor que no consume energía de la red eléctrica mientras realiza un trabajo. El periodista de Las Provincias Vicente Lladró escribió: «En las presentaciones técnicas que realizó del mismo demostró que el motor, una vez enchufado, funcionaba pero el contador eléctrico intercalado se mantenía inmóvil. En la Universidad Politécnica estudiaron el aparato, propusieron abrirlo o que se quedase allí para realizar más comprobaciones, pero el inventor se negó, lógicamente, exigiendo que cualquier cosa se realizara en su presencia, cosa que tampoco aceptaron los docentes universitarios. Un catedrático llegó a decir entonces que si fuera verdad lo que aseguraba Christian, ellos deberían romper sus títulos académicos, aunque les resultaba más que evidente que no podía tratarse de nada revolucionario, y lo rechazaron. Sin embargo, el motor giraba y el contador no contaba. En posteriores comprobaciones técnicas, en laboratorios y talleres privados, quienes lo testaron señalaron siempre que allí había algo raro que merecía investigarse, porque el comportamiento del motor y los datos reflejados en los aparatos de control no parecían posibles, cuando el hecho claro era que el motor estaba girando delante de ellos.»
En 1984 la enfermedad le había sumido en la más absoluta incapacidad corporal. Precisamente en este estado de salud tan delicado llega a la idea de cómo curarse. Para ello se basa en los procesos biológicos que se producen en las lesiones fortuitas y que conducen a la curación de las mismas, pero que en las articulaciones afectadas por la enfermedad no se activan. Supuso además que la artritis reumatoide es producida por un virus que posee identidad genética con determinadas células de sus articulaciones enfermas. Debido a que el sistema inmunitario no puede eliminar a este virus, se dedica a destruir a las células con identidad genética. Para producir estos procesos biológicos curativos en sus articulaciones enfermas, y para inactivar a los virus y evitar que el sistema inmunitario destruya a células sanas Bozidar desarrolla un equipo electromédico. Con la aplicación de este equipo recupera la salud en un corto periodo de tiempo.
Estudios clínicos posteriores avalan esta terapia cuya eficacia es superior a cualquier tratamiento médico conocido. Motivado por la eliminación del virus causante de su enfermedad, en 1990 comienza a buscar la forma de cómo eliminar el virus VIH.
Por falta de recursos para proseguir con sus investigaciones en la lucha contra el VIH, en 1999 decide dedicarse a su otra gran pasión: La energía. Basándose en los mismos principios del motor eléctrico que realizó en 1976 descubre un nuevo efecto físico desconocido por la ciencia actual. En base a este efecto, construye el prototipo de una fuente de energía eléctrica celular, ecológicamente limpia e inagotable. Mediante un prototipo experimental conectado a la red eléctrica consigue producir 800 vatios de potencia con un consumo de la red de 200 vatios. Esto significa un rendimiento del 400%, considerado imposible por la ciencia actual.
En enero de 2017 Bozidar nos deja, pero no sin haber realizado el importante Legado de toda una vida de trabajo con el que sus hijos: Marco, Karlo y Christian auguran una época de avances importantes en los campos de la medicina y la energía que sin duda alguna mejoraran la calidad de vida de las personas.
